La “aldea global-exclusiva” en la era digital*

Implosión y disponibilidad restringida: algunos adentro, algunos afuera


El siguiente trabajo se propone analizar, a partir de la aplicación de algunas de las categorías de Marshall McLuhan, de qué modo Internet, como extensión del sistema nervioso central en la era digital, y el ciberespacio, como amplificación de la conciencia, constituyen al mundo en una “aldea global-exclusiva”. Es decir, de qué forma la implosión desarrollada por Internet, la instantaneidad y simultaneidad de las relaciones por ésta posibilitada, convierte al mundo en la era digital en una aldea global, al mismo tiempo, que la restricción en la disponibilidad hacia los bienes materiales que constituyen la infraestructura que permite el funcionamiento de Internet, en un primer nivel, y hacia las obras intelectuales circulantes en la red electrónica, en un segundo nivel, hace del mundo una aldea exclusiva.
El desarrollo del análisis constará de las siguientes etapas:

(1) Internet: el entramado nervioso de la aldea global

(2) El ciberespacio como amplificación de la conciencia

(3) La aldea exclusiva: disponibilidad restringida de la extensión del sistema nervioso central y de la amplificación de la conciencia

(4) Conclusión. Las dos dimensiones de la aldea: He aquí la “aldea global-exclusiva”


(1) Internet: el entramado nervioso de la aldea global

De acuerdo a la teoría de McLuhan, el surgimiento de toda nueva tecnología es sinónimo de la extensión de una determinada parte del cuerpo humano. Cualquier invento o tecnología es una extensión o autoamputación del cuerpo físico, y, como tal extensión, requiere además nuevas relaciones o equilibrios entre los demás órganos y extensiones del cuerpo (1). A la vez, la aparición de una nueva tecnología implica una modificación en los sentidos, en cada uno de ellos y en la proporción de su interacción. La modificación en la percepción produce una transformación en el modo de traducir la experiencia, de contar y expresar el mundo.

Durante la edad mecánica, la edad del hombre tipográfico, cada una de las extensiones o medios se desarrollaron de modo fragmentado y aislado. Hacia la edad electrónica, el panorama de “las extensiones y percepciones fragmentadas y aisladas” se revierte rotundamente (2).

A partir de la edad electrónica, lo que se extiende ya no son los órganos o miembros del cuerpo: se produce la amplificación del sistema nervioso central (3). La velocidad proporcionada por la tecnología electrónica hace posible la instantaneidad y simultaneidad de la implicancia y contacto entre los sujetos del globo. Dicha velocidad produce una implosión instantánea que permite que la acción y la reacción de los sujetos puedan mirarse el rostro simultáneamente (4). En este globo contraído, en el que estamos todos implicados y enlazados, somos espectadores y testigos de las consecuencias de nuestras acciones. He aquí que resulta indispensable hacer referencia a la extensión por excelencia de nuestro sistema nervioso central en la era digital: Internet.

Internet es una red electrónica, una red de arquitectura distribuida, pues no tiene centro que controle y gestione el flujo de información. Internet puede entenderse como un espacio de producción común entre pares, es decir, la relación entablada entre usuarios y servidores es reversible.

Internet, como extensión del sistema nervioso en la era digital, produce la contracción del mundo, un mundo en el que estamos todos implicados y enlazados, somos espectadores y testigos de las consecuencias de nuestras acciones.

Con la electricidad podemos entablar, desde cualquier lugar, relaciones personales como si estuviésemos en la aldea más pequeña (5)

Esta red electrónica permite la intercomunicación simultánea e instantánea entre una enorme cantidad de personas.

El sujeto ahora forma parte del entramado nervioso que entabla la red electrónica como extensión del sistema nervioso central.  Este entramado nos interpela.

Internet, constituye un medio que, en categorías de McLuhan, puede denominarse frío. La alta/baja definición (6), la “temperatura” del medio se encuentra determinada por el aporte de información, por su cantidad. De este modo, los medios extienden alguno de los sentidos en alta o baja definición. Dicha definición determina el grado de participación de los sujetos/usuarios (7). Si el medio es de alta definición, la participación es baja. Si el medio es de baja intensidad la participación es elevada (8). Internet, aunque parezca lo contrario, es un medio frío, su grado de aporte de información interpela al usuario, requiere de su compleción de la información. Internet reclama una implicación activa por parte de los sujetos, demanda acciones que instantáneamente tendrán repercusión en la “familia humana”: (…) la familia humana vive hoy en las condiciones de aldea global (9). Esta participación se caracteriza por ser descentralizada, sin delegación de funciones especializadas. Podemos, simultáneamente, desempeñar diferentes papeles (10). La arquitectura de Internet hace de sí un espacio común, de pares, un espacio de producción común. He aquí la aldea global.

(2) El ciberespacio como amplificación de la conciencia

A la vez, la extensión de nuestro sistema nervioso central en la era digital, a través Internet, es seguida por la amplificación de la conciencia. Conciencia que se extiende en el ciberespacio. Puede entenderse por ciberespacio al mundo virtual, generado por computadoras y a partir de la infraestructura de Internet, diferente del mundo físico, “real” (11).

Cualquier proceso que se acerque a la interrelación instantánea de un campo total tiende a elevarse al nivel de la conciencia activa; por eso parece que los ordenadores “piensan” (12)

El ciberespacio actúa como un campo unificado> de acontecimientos instantáneos y simultáneos (13), la vida social y corporativa se coloca en la gran vidriera. La vida privada y social se traduce constantemente en un proceso de información. Información cuyo flujo viaja a lo largo y ancho del globo. Con esta conciencia, la vida subliminal, privada y social, se ha colocado a la vista de todos (…) (14)

El ciberespacio, como amplificación de nuestra conciencia en la era digital, extiende los procesos creativos del conocimiento, de manera común y colectiva, al resto de la sociedad (15). Internet incrementó sin precedentes la capacidad de los usuarios-finales de producir, compartir, acceder y copiar todo tipo de procesos creativos del conocimiento, más específicamente, obras intelectuales. Todos los usuarios de Internet pueden expresarse y dejar su huella de reacción instantánea en el ciberespacio. El producto de los procesos creativos del conocimiento se traduce por medio de la red, constituyendo y extendiendo la conciencia a partir del ciberespacio. Internet, como extensión del sistema nervioso, produce una transformación en los índices de sensoriales, y con ello, en el modo de percibir el mundo y de traducir las experiencias vividas. 

Se torna necesario definir la diferencia entre “bienes intelectuales” y “obras intelectuales” para comprender el modo en que constituyen nuestra conciencia amplificada. Los bienes intelectuales hacen al acervo de conocimientos, técnicas, valores, usos y costumbres propio de una cultura determinada, espacio-temporalmente ubicada (16). Mientras que las obras intelectuales son las expresiones particulares de los bienes intelectuales desarrolladas por lo autores, fijada en un soporte determinado (17).

Las tecnologías digitales permiten la producción de las obras intelectuales directamente en formatos digitales que se pueden compartir a través de las redes distribuidas (18). De este modo, Internet, como sistema nervioso central extendido, permite la traducción de la experiencia vivida en información y, a la vez, ésta se traduce en formatos digitales. Esta traducción de la experiencia de vida de las diferentes culturas, se multiplica y los diversos procesos creativos del conocimiento conviven, se responden y corresponden, se enriquecen simultáneamente a través y a partir del entramado nervioso, dando lugar a la construcción del ciberespacio, de nuestra conciencia amplificada.

(Joyce) no pudo ver ventajas en que permanezcamos encerrados en cada ciclo cultural, como en un trance o un sueño. Descubrió los medios de vivir simultáneamente en todos los modos culturales de un modo conciente (19)

Esta traducción de los bienes intelectuales en los soportes digitales muestra el carácter abundante de la expresión del acervo cultural.

El globo se contrae en el abrazo inclusivo de las redes digitales. Las culturas se encuentran y se traducen unas en otras compartiendo simultánea y concientemente sus diversos medios de expresión.

Ahora podemos vivir no sólo anfibiamente en mundos separados y distintos, sino plural, simultáneamente en muchos mundos y culturas. No estamos ya sometidos a una cultura-a una proporción única de nuestros sentidos- de lo que lo estamos a un solo libro, a un lenguaje, a una tecnología (20)

Ya no se trata de la homogeneidad lineal y secuencial de la edad mecánica, sino de un mosaico discontinuo y entramado. De un mosaico discontinuo, oblicuo y no lineal (…) (21). De este modo, el sujeto emprende un viaje colectivo al interior de la Red sin moverse de su silla. El mundo se contrae electrónicamente en una Aldea Global digital. He aquí las paredes nerviosas de la aldea global. La humanidad es internalizada, incorporada dentro de cada uno de los sujetos (22). Este medio (eléctrico) constituye por sí solo un viaje interior, colectivamente, son acudir a las drogas (23). Nuestra conciencia social (24) hoy se extiende hacia una red social digital de pares, que internalizamos. Nos traducimos una y otra vez en información, la información se traduce en soporte digital. He aquí el contorno de la conciencia social, conciencia extendida en el ciberespacio.

(3) La aldea exclusiva: disponibilidad restringida de la extensión del sistema nervioso central y de la amplificación de la conciencia

Al referirse a los medios de comunicación de masas, McLuhan indica que la expresión se refiere no al tamaño, sino al hecho de que todo el mundo se ve implicado en ellos al mismo tiempo (25). Entonces vale indagar en qué medida la “aldea global” implica a todo el mundo en tanto la expresión no refiere al tamaño. De este modo, se torna indispensable distinguir dos niveles de disponibilidad de los medios de comunicación, extensiones del ser humano. Más específicamente, Internet, extensión de nuestro sistema nervioso central. Es decir, en un primer nivel, la disponibilidad con la que cuentan los sujetos sobre las tecnologías, los bienes materiales que hacen a la infraestructura que permite el funcionamiento de un medio de comunicación como Internet, ello es computadoras, servidores, monitores, teclados, etc.  En un segundo nivel, la disponibilidad de los usuarios sobre las obras intelectuales, como traducciones de la experiencia vivida, tanto en la recepción de las mismas como en su producción. De qué modo esto dos niveles de restricción en la disponibilidad en la era digital constituyen al mundo en una “aldea exclusiva”.

Sociedades digitales, construidas y contorneadas por la extensión del sistema nervioso central: Internet. Sociedades cuya conciencia se amplifica en el espacio cibernético. Estas sociedades no pueden ser entendidas separadas de su hermana siamesa “la sociedad material”.

Una sociedad en la cual se encuentra restringida la disponibilidad de los bienes materiales que permiten participar y traducir la experiencia vivida en la red de pares; una sociedad en la que se limita la disponibilidad de los medios que constituyen la amplificación de la conciencia social al espacio cibernético, mediante la extensión de los procesos creativos del conocimiento, no puede llamarse global, o más específicamente, aldea global. Por este motivo es que resulta imposible referirse a “Internet” o a “aldea global” sin mencionar la brecha digital existente en las sociedades actuales. Es decir, cuanto mayor es la celeridad en la que viajan los avances tecnológicos, cuanto más se extiende nuestro sistema nervioso central a partir de diversas innovaciones tecnológicas; mayor y más extensa es la cantidad de sujetos y sectores sociales que no pueden acceder ni disponer de dichos avances. 

De este modo, la red extendida a lo largo y ancho de las paredes nerviosas de la aldea no cubre al total de la sociedad, la humanidad toda no participa ni dispone de los medios de comunicación, extensiones del ser humano, para expresar en la conciencia extendida su traducción de la vida y del mundo. La humanidad toda no cuenta con el acceso ni con la disponibilidad de los bienes materiales que permiten estar incluidos en la aldea que se llama global. Pues, el globo contiene sociedades que, pese a la capacidad de la edad electrónica de disolver las fronteras que las dividen unas de otras, estas sociedades poseen diferentes posibilidades de acceso y disponibilidad respecto a estos bienes materiales, a estos medos tecnológicos. Y, a la vez, dentro de cada sociedad la disponibilidad sobre los medios tecnológicos sigue siendo desigual. La humanidad entera no se encuentra traducida en el ciberespacio. Se trata de la construcción de una conciencia social más estrecha que la conciencia que parece extender o amplificar.

El segundo nivel de disponibilidad refiere a las obras intelectuales dentro del entorno digital. Las obras intelectuales dentro del entramado de la red electrónica. La era digital, a través de la traducción de la experiencia en bienes intelectuales y de la traducción de éstos en obras intelectuales, a partir de los soportes digitales; permite compartir a través de las redes distribuidas los productos de los procesos creativos del conocimiento a lo largo y ancho de la red.

Ahora bien, este nuevo carácter de las obras intelectuales, posibilitado por las tecnologías digitales, convierte a los bienes y obras intelectuales en bienes abundantes. Aquellos bienes que las industrias culturales significan como bienes materiales y, por ende, escasos se resignifican como bienes abundantes e ilimitados. Este nuevo carácter atenta contra los intereses de las industrias culturales. Por este motivo, las corporaciones comerciales que gestionan las industrias culturales implementan una gran variedad de barreras tecnológicas y jurídicas que coartan la posibilidad de compartir las diversas traducciones del mundo de los diferentes sujetos integrantes de determinadas culturas. Entre estas barreras, se pueden distinguir regulaciones cercanas al derecho de propiedad, como ser el derecho de autor y el derecho de copia, al igual que los formatos restrictivos de archivos, el software privativo, las esposas digitales. Es así como la disponibilidad de las obras intelectuales se ve restringida por los intereses de capital de las corporaciones comerciales. Se limita la posibilidad de enriquecimiento simultáneo que tiene lugar a través y a partir del intercambio cultural posibilitado por el entramado nervioso.

Nuevamente, los nervios que se entretejen y traducen y expresan la mirada del mundo de las diferentes culturas, hacen a una manta de conciencia social demasiado estrecha. Se impone una determina traducción de la experiencia, una determinada percepción del mundo. Considero conveniente en este espacio hacer una cita de una cita, más específicamente, tomar la cita de Adam Smith que hace McLuhan en La Galaxia Gutenberg (dentro de “Reestructuración de la Galaxia o la condición del hombre-masa en una sociedad individualista”), pero significándola dentro del contexto de disponibilidad restringida de los bienes materiales y las obras intelectuales:

En las sociedades opulentas y comerciales, pensar o razonar viene a ser, como cualquier otra actividad, un negocio privado, llevado por unos cuantos, que suministran al público todo el pensamiento y la razón que poseen las vastas multitudes que trabajan.

Se construye así, a través del ciberespacio, la amplificación de una conciencia restringida a las expresiones propias de los actores sociales que sí cuentan con acceso y disponibilidad respecto al sistema nervioso central extendido y de la construcción de la conciencia social amplificada.

Como se mencionaba en el primer punto del presente trabajo, las tecnologías como extensión del ser humano implican una transformación en los sentidos, en su interacción y proporción. Producen un cambio en la manera de percibir el mundo y, por lo tanto, en el modo de traducirlo y expresarlo. En tanto los sentidos sean arrendados a las corporaciones comerciales de las industrias culturales, la traducción del mundo que circula y circulará en la red del sistema nervioso central amplificado será la de los “guardianes de la cultura”. En palabras de McLuhan:

Una vez que hemos entregado los sentidos y el sistema nervioso a la manipulación privada de personas dispuestas a arrendar nuestros ojos, oídos y nervios, no nos queda en realidad ningún derecho. Arrendar los ojos, los oídos, y el sistema nervioso a intereses comerciales equivale a entregar el discurso común a una empresa privada o a dar en monopolio la atmósfera de la tierra a una compañía. (…) Mientras sigamos adoptando la actitud de Narciso de pensar que las extensiones del cuerpo están realmente “ahí afuera” y son de verdad independientes de nosotros, seguiremos acogiendo todos los desafíos tecnológicos con la misma pirueta sobre una piel de plátano y la misma caída (26)

No cabe dudas de que nos encontramos frente a una aldea que es global y, a la vez, exclusiva. Una aldea que no abarca a la humanidad toda. Una aldea dónde la restricción a la disponibilidad en los dos niveles, líneas arriba caracterizados, imposibilita una participación total en la red electrónica, extensión del sistema nervioso central, y en el ciberespacio, extensión de la conciencia social. Las traducciones a cerca de cómo se percibe, se siente y vive el mundo sólo abarcan a una parte de la sociedad. Hay quiénes quedan afuera de la aldea, fuera del entramado, del mosaico nervioso, y fuera de la conciencia extendida.

(4) Conclusión. Las dos dimensiones de la aldea: He aquí la “aldea global-exclusiva”

Internet constituye en la era digital la amplificación del sistema nervioso central. El ser humano no solamente se ve extendido en sus partes del cuerpo, sino también en su sistema nervioso central. Las redes electrónicas, en su proceso de modificación de la percepción, permite diferentes modos de expresar el mundo a través de los diversos modos de traducción de la experiencia, en primer instancia en información, en segundo lugar en formatos digitales. A la vez, esta expresión de los diversos modos de percibir, sentir y vivir el mundo por las diferentes culturas constituye el acervo de procesos creativos del conocimiento, lo cual significa la amplificación de la conciencia en una conciencia social constituida por el ciberespacio. Este panorama permite entender al mundo contraído por las redes nerviosas de Internet en la era digital como un “aldea global”.

La restricción en la disponibilidad en dos niveles, es decir, hacia los bienes materiales que constituyen la infraestructura que permite el funcionamiento de Internet, en un primer nivel, y hacia las obras intelectuales circulantes en la red electrónica, en un segundo nivel, hace del mundo una aldea exclusiva.

Ambas dimensiones y consecuencias de la contracción del mundo en la era digital, a partir de la amplificación del sistema nervioso central (a través de Internet) y de la conciencia (a partir del ciberespacio), constituyen al mundo en una aldea global (todo el mundo se ve implicado en ellos (los medios de comunicación de masas) al mismo tiempo) y, a la vez, en una aldea exclusiva (se refiere no al tamaño). De este modo, el mundo quedaría constituido en lo que podría denominarse “una aldea global-exclusiva”. Respecto a la cual, algunos están adentro, otros afuera.

Notas

*El presente texto corresponde al Trabajo Final realizado para la matería Comunicación, Música y Sociedad de la Lic. en Comunicación Social, del la UNQ, dictada por Norberto Cambiasso.

(1) McLuhan, Marshall (1996): “El amante de juguete. Narciso como narcosis”, en Comprender los medios de comunicación. Las extensiones del ser humano, Ed. Paidós, Buenos Aires, Argentina, p. 64

(2) McLuhan, Marshall (1996): “Introducción”, en Comprender los medios de comunicación. Las extensiones del ser humano, Ed. Paidós, Buenos Aires, Argentina

(3) Ídem, p. 25

(4) Ídem, p. 26

(5) McLuhan, Marshall (1996): “El telégrafo. La hormona social”, en Comprender los medios de comunicación. Las extensiones del ser humano, Ed. Paidós, Buenos Aires, Argentina, pp. 263-264

(6) McLuhan, Marshall (1996): “Medios calientes y medios fríos”, en Comprender los medios de comunicación. Las extensiones del ser humano, Ed. Paidós, Buenos Aires, Argentina, p. 43

(7) Ídem, pp. 43-44

(8) McLuhan, Marshall (1996): “La televisión. El gigante tímido”, en Comprender los medios de comunicación. Las extensiones del ser humano, Ed. Paidós, Buenos Aires, Argentina, p. 325

(9) McLuhan, Marshall (1985): “El físico moderno se encuentra en su elemento dentro de la teoría oriental de campo”, en La Galaxia Gutemberg, Ed. Galaxia Gutemberg. Círculo de Lectores, Barcelona, España, p. 50

(10) McLuhan, Marshall (1996): “La automatización”, en Comprender los medios de comunicación. Las extensiones del ser humano, Ed. Paidós, Buenos Aires, Argentina

(11) Vercelli, A. (2009): “Second Life y la propiedad privada sobre las obras intelectuales”, en Repensando los bienes intelectuales comunes. Análisis socio-técnico sobre el proceso de co-construcción entre las regulaciones de derecho de autor y derecho de copia y las tecnologías digitales para su gestión.

(12) McLuhan, Marshall (1996): “La automatización”, en Comprender los medios de comunicación. Las extensiones del ser humano, Ed. Paidós, Buenos Aires, Argentina, p. 355

(13) McLuhan, Marshall (1985): “El físico moderno se encuentra en su elemento dentro de la teoría oriental de campo”, en La Galaxia Gutemberg, Ed. Galaxia Gutemberg. Círculo de Lectores, Barcelona, España, p.46

(14) McLuhan, Marshall (1996): “El amante de juguete. Narciso como narcosis”, en Comprender los medios de comunicación. Las extensiones del ser humano, Ed. Paidós, Buenos Aires, Argentina, p. 67

(15) McLuhan, Marshall (1996): “Introducción”, en Comprender los medios de comunicación. Las extensiones del ser humano, Ed. Paidós, Buenos Aires, Argentina

(16) Vercelli, A. (2009): “La tensión por la apropiación de los bienes intelectuales”, en Repensando los bienes intelectuales comunes. Análisis socio-técnico sobre el proceso de co-construcción entre las regulaciones de derecho de autor y derecho de copia y las tecnologías digitales para su gestión. P. 47.

(17) Ídem, pp. 47-48

(18) Ídem, “La co-construcción de regulaciones y tecnologías”, p. 80

(19) McLuhan, Marshall (1985): “Solamente una fracción de la historia del alfabetismo ha sido tipográfica”, en La Galaxia Gutemberg, Ed. Galaxia Gutemberg. Círculo de Lectores, Barcelona, España, p.113

(20) Ídem, “El físico moderno se encuentra en su elemento dentro de la teoría oriental de campo” p.49

(21) McLuhan, Marshall (1996): “La televisión. El gigante tímido”, en Comprender los medios de comunicación. Las extensiones del ser humano, Ed. Paidós, Buenos Aires, Argentina, p. 338

(22) McLuhan, Marshall (1996): “Introducción”, en Comprender los medios de comunicación. Las extensiones del ser humano, Ed. Paidós, Buenos Aires, Argentina, p. 26
 
(23) McLuhan, Marshall (1985): “Nuestra aldea global”, en Guerra y Paz en la Aldea Global, Ed. Planeta de Agostini, Barcelona, España, p. 47

(24) McLuhan, Marshall (1996): “El amante de juguete. Narciso como narcosis”, en Comprender los medios de comunicación. Las extensiones del ser humano, Ed. Paidós, Buenos Aires, Argentina

(25) McLuhan, Marshall (1996): “La automatización”, en Comprender los medios de comunicación. Las extensiones del ser humano, Ed. Paidós, Buenos Aires, Argentina, p. 354

(26) McLuhan, Marshall (1996): “Desafío y colapso: la Némesis de la creatividad”, en Comprender los medios de comunicación. Las extensiones del ser humano, Ed. Paidós, Buenos Aires, Argentina, p. 88

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